El oso polar es uno de los animales más representativos de las regiones árticas y está perfectamente adaptado a las bajas temperaturas gracias a su gruesa capa de grasa, su denso pelaje blanco y sus grandes patas, que le permiten desplazarse sobre el hielo y nadar largas distancias. Se alimenta principalmente de focas, lo que lo convierte en un depredador fundamental para el equilibrio del ecosistema ártico.
En la actualidad, el oso polar se encuentra en peligro debido al cambio climático, que provoca el deshielo progresivo del Ártico, reduciendo el hábitat natural de esta especie y dificultando su supervivencia. Además, la contaminación y la explotación de recursos naturales en estas zonas suponen una amenaza añadida.
Para intentar proteger a los osos polares, es fundamental reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y fomentar el uso de energías renovables con el fin de frenar el calentamiento global. También es importante apoyar organizaciones dedicadas a la conservación de la fauna.
